The Last Dance: El último baile de un fénix que no ha vuelto a renacer.
La miniserie documental producida por ESPN ha generado una reacción sensacional alrededor del mundo. Tanto en fanáticos de la NBA y del baloncesto, como en los del deporte en general. Esto se debe en gran parte al mítico retrato que se logra pintar de esos Chicago Bulls de los años 90’. Los Bulls de Michael Jordan.
Sin embargo, el documental no gira en torno a la estrella del baloncesto, pues un imperio no se puede construir con un solo pilar como base. A lo largo de la miniserie-documental, el director Jason Hehir logra deconstruir pieza por pieza la estructura de esta orquesta perfecta del deporte.
Desde el tridente de fantasía que constituían Michael Jordan, Scottie Pippen y Dennis Rodman; hasta la labor fundamental del director de esta orquesta, Phil Jackson.
La miniserie logra humanizar a estas leyendas del deporte, plasmando su esencia más completa en la pantalla pequeña. A Jordan, se lo muestra por lo que todo el mundo lo conoce: el mejor de todos los tiempos.
Sin embargo, más allá de eso, se lo va construyendo como un ganador innato. Un líder en crecimiento, que mediante una evolución personal y emocional causada por los duros golpes de las derrotas, llega a convertirse en una figura casi invencible. Siendo el alma de un equipo perdedor cuando llegó, y un equipo ganador cuando se marchó.
El documental hace lo mismo con Scottie Pippen, el mejor número dos que ha existido en el juego. El sustento sin el cual Michael Jordan no hubiese sido el número uno. Un talento en bruto que en “el último baile” llega a pecar de la humildad que lo caracterizaba. No pudo haber existido mejor sombra para Jordan, que Scottie Pippen. Tanto su historia como esencia, son algunas de las principales cualidades del relato que cuenta Hehir.
Ambos representan la melodía y la armonía en esta orquesta, mientras que Dennis Rodman entra en la ecuación como un solo de guitarra eléctrica perdido, pero que dota de una esencia superior al resultado.
Mientras que Pippen y Jordan son el orden, Rodman es el caos. Se lo representa como un mustang salvaje. Pues él se ensucia para que sus dos compañeros puedan brillar. Es el eje necesario de libertad que termina provocando un orden ganador en el equipo, pues como dice la serie: “no se ensilla a un mustang”.
Phil Jackson llega a ser el director de esta orquesta, el arquitecto de este imperio. Es quien instaura un orden ganador en un equipo perdedor que no había llegado a ser más que un fantasma en el pasado. Es él quien halla la clave del éxito de este equipo, y lo construyó hasta establecerlo en lo más alto de la NBA.
‘The Last Dance‘ cuenta la historia del nacimiento de los Chicago Bulls, los gigantes de los 90’, y su último grito de éxito en la temporada 97-98. Pues el proyecto de reconstrucción planteado por la dirigencia de Jerry Krause, terminó en la caída de un fénix que no renació de las cenizas. Pues para renovar un imperio, no destrozas sus pilares.
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