Andrés Gómez, tenista ecuatoriano, tumbó a André Agassi y se proclamó campeón del Roland Garros en 1990.
Han pasado 30 años, pero parece como si hubiese sido ayer cuando el tenista ecuatoriano, Andrés Gómez tumbó en la final a André Agassi y se proclamó campeón del Roland Garros en 1990.
La trayectoria del tenista guayaquileño es tan amplia que cuesta quedarse con un solo momento, pero este, sin duda, es digno de admirarlo, más aún ahora que se cumplen 30 años. “Quiero dedicar este trofeo a mi país, Ecuador”, fueron las palabras del tenista, quien para ese entonces tenía 30 años.
UNA LEYENDA
Así, Andrés Gómez pasó a la historia y, aún 30 años después, conserva el ‘título’ como el primer y único tenista ecuatoriano que ganó un Gran Slam, en París 1990.
El 10 de junio de 1990 en la Pista Philippe Chatrier. El joven Andre Agassi (20 años), la sensación del circuito en aquel momento, buscaba su primer Grande ante un rival mucho más experimentado que él (30 años) y al que había derrotado sólo unas semanas antes en los octavos de final del Open de Miami (6-7, 6-2, 6-3).
SE CONFIEZA
André Agassi, rival de Gómez en esa final, confesó, años después, que jugó ese partido con peluca y sería una de las razones por las cuales no se concentró y cayó en esa gran final.
Así lo explicó en su autobiografía llamada ‘Open’. “Cada mañana me levantaba y encontraba otro pedazo de mi identidad en la almohada, en el lavabo, en el desagüe”. “Me pregunté ¿quieres ponerte un peluquín? ¿En la cancha de tenis? Y me respondí: ¿qué otra cosa puedo hacer?”.
Así que decidió jugar Roland Garros con peluca, y la cosa no le iba mal. Su trayectoria fue impecable durante todo el torneo. Había cedido sólo cuatro sets y dejó en la cuneta a jugadores de la talla de Michael Chang, vigente campeón, o Jim Courier, campeón los dos años siguientes.
Pero un Grand Slam es un torneo muy largo y la peluca no lo acompañó. Después de haberla lavado la noche anterior, ésta comenzó a estropearse, y ahí comenzó su drama. Con la ayuda de Phil, su hermano, repararon cuanto pudieron para que pudiera verse en la cancha como el joven rebelde y de melena frondosa que iniciaba su carrera y quería comerse el mundo, pero no pareció funcionar.
“Durante el calentamiento previo al juego recé. No por la victoria, sino por que no se me cayera mi cabello postizo”. “Con cada salto me imaginaba que caía a la arcilla. Imaginaba millones de espectadores que se acercaban más a sus televisores, sus ojos abriéndose más y, en decenas de dialectos y de lenguajes, preguntándose cómo se le había caído el pelo de la cabeza a Andre Agassi”, confesó.
Esos problemas de concentración frustraron el que hubiera sido su primer Grand Slam.
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