Por: David Carrillo
Ayer, el mundo lamentó la muerte de Maradona, el bombardeo mediático y digital fue muy intenso, no se me hace fácil recordar algo parecido en los últimos meses, o tal vez años. ¿Kobe Bryant, Juan Gabriel, Michael Jackson? ¡no, para nada! Cuando ellos murieron solo medios especializados en deportes y entretenimiento informaron lo que ocurrió.
Con el Diego la cosa cambia, todos hablamos de él, de su legado, de su inmortalidad, de sus méritos sobre el césped, de lo único e irrepetible que va a ser, pero cada opinión sobre Maradona finaliza resaltando al futbolista y siendo ciegos y sordos por lo demás, por su vida cotidiana, por lo que hacía de lunes a sábado antes de ir a la cancha.
Mi pregunta es: ¿por qué se sigue hablando de un futbolista que se retiró hace más de veinte años? Y la respuesta es fácil, porque somos los comunicadores quienes a través del tiempo no hemos dejado de inyectar una aguja hipodérmica “maradoniana” en la sociedad, a tal punto que cuando alguien dice: “No, no me gusta Maradona” es mal visto y hasta juzgado por supuestamente no saber de fútbol.
Tengo 31 años, mi papá es hincha de El Nacional, mi segundo padre (tío materno) fue un hincha acérrimo de Liga Deportiva Universitaria, ellos me llevaron a la cancha desde niño. Tengo que confesar que desde hace unos años mi padre prefiere ver los partidos en la tele, dice que no se estropea en la salida del estadio, no aguanta sol o lluvia y se siente más cómodo en su cama que en las gradas. A veces me pasa lo mismo, pero solo a veces. Vivo el fútbol desde muy pequeño, no fui tan talentoso como para hacerlo mi profesión, me hubiera encantado ser futbolista, pero la pasión está, hasta hace no mucho era de los que tenían dos equipos en ligas barriales y por lo menos jugaba una vez entre semana después del trabajo, así que al contrario de lo que puedas pensar, sí, he tocado una pelota de fútbol.
Tengo 31 años y tengo una enfermedad llamada fútbol, tengo la suerte de ser un fanático del deporte más no de un equipo, me encanta ir al estadio a ver un partido, el que sea, no me importa si no juega mi equipo, vivo el fútbol de barrio como el mundial, con la misma intensidad. No planifico reuniones o eventos familiares sin antes mirar el calendario futbolero de la semana. Hincha de un equipo en Ecuador, otro en Argentina y también en España, ¡qué te puedo decir! me gusta el fútbol.
Tengo 31 años y nunca vi jugar a Maradona y me extraña como personas de mi edad o menores se asombran cuando digo esto, como si ellas lo hubieran visto, digo, me he comido los libros, videos y documentales del gran D10s del fútbol, pero nunca lo vi en directo, no puedo dar un juicio de valor al respecto. Para mi, si no vives la euforia del momento, simplemente no existe, no me pidan que sienta mía la heroica gesta del mundial de México en 1986, no puedo sentir el coraje del Diegote jugando con una sola pierna en medio de un aguacero torrencial en La Bombonera pues no lo vi.
Los números hablan solos, campeón del mundo juvenil y absoluto, caudillo de Boca, estrella en Barcelona, ídolo en Nápoles. Maradona fue sin duda un jugador fuera de serie, pero hasta ahí. ¿Por qué se celebra con descaro la famosa mano de dios? ¿Acaso no te duele el corazón cuando a tu equipo lo perjudican los árbitros? El Diego tenía toda la habilidad para ganar un partido como se debe, jugando a la pelota.
Como entrenador no ganó nada, llegó a dirigir la selección de su país sin méritos y lo que más recordamos de su paso por la albiceleste es: “qué la sigan chupando” para cualquier otro entrenador de fútbol de la historia eso hubiera sido la caída libre de su carrera, pero para él no, siguió trabajando como DT en varios clubes de distintos países, y cuando se aburrió se fue a jugar a ser presidente de un equipo ruso. Aquí me planteo otra cosa
¿Cómo un tipo que no puede hilar una frase de 20 segundos seguidos es técnico y presidente de algo? Lo sabemos, las declaraciones de Maradona a los medios desde hace rato eran cuatro minutos de “eeehh” y nada más.
Maradona está lejos, muy lejos de ser el mejor de la historia, los mejores de la historia deben ser íntegros, si te vas a colar en las páginas del libro de la humanidad por lo menos debes ser coherente entre lo que dices y lo que haces. La vida es una sola, no se vale quedarse con el Maradona futbolista y omitir el ser humano. Y aunque la siguiente frase suene inteligente no lo es, no, Maradona no fue el reflejo de la sociedad.
La mayor parte de la sociedad no es estúpidamente millonaria para darse el lujo de aceptar una adicción e ir a curarse en La Habana, vivir tres años entre fiestas y drogas y luego salir en la tele diciendo que está rehabilitado. La mayor parte de la sociedad tampoco puede darse el lujo de escoger a cuales hijos reconocer y cuales no. Tampoco puede meterle golpes a su pareja en un hotel, que esta llame a la policía y que las autoridades se hagan de la vista gorda porque no hay pruebas contundentes.
Lo más sagrado para un hijo son sus padres, tienes que haber hecho algo muy malo como papá para que tus hijas después de veinte años y más de relación simplemente dejen de hablarte y tienes que haber hecho algo tan malo como para que tus propias hijas motiven a su madre a denunciar abuso psicológico en tu contra. Coincidimos que eso es típico pero no es prudente que alguien así sea visto como el mejor de la historia.
¿Y qué? Si al Diego se le perdona todo, habrá que preguntar a los hinchas del Napoli en el momento que dio positivo por cocaína y lo sancionaron por quince meses le perdonaron, o a sus compañeros de la selección nacional del 94 cuando a puertas del mundial se mandó otra perlita con las sustancias. O retrocedamos una líneas y preguntemos a sus dos hijas mayores, a cualquiera de sus novias, su primera esposa. Preguntemos lo mismo a los periodistas que recibieron insultos, piedrazos y patadas cuando lo único que estaban haciendo era trabajar.
Al supuesto Diego Maradona de la gente no le importaste nunca, no le tenía respeto a nadie, le daba igual pelearse con quien fuere, nunca escuchamos los argumentos de la contraparte, solo los del diez, porque el diez siempre tuvo la razón. Un tipo que brilló como deportista y que debió quedar solo en eso, en el recuerdo de un hombre que dejó el oficio hace 23 años y que ayer murió.
David Carrillo, periodista y amante del fútbol escribió este editorial, tras la muerte de Diego Armando Maradona, un evento que, sin duda, conmocionó a propios y ajenos.







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